ALOHA
Te sumergiste
en una hora
en que todo emergía desde el agua.
En la llorada sal redibujamos
tu volcado contorno
y nos navegas en latitud de sangre.
Tu corazón de barco
todavía golpea
contra ese muelle rojo que nos late,
y tu rostro de velas nos sonríe.
Transmigrarás un día
en algún pez gigante,
o serás la sirena de leyenda
en la pupila alucinada
de algún marino triste,
o advendrás en corola de corales,
o enredarás en líquenes y algas
o tal vez te conviertas en espuma
de deshecha nostalgia
por la playa.
Eras
la esperanza nuestra de maderas mojadas,
y el impulso
de ese inquieto vagabundo de mar
que nos arrastra.
Eras el hijo nuestro
con tus mejillas blancas,
tus mejillas de tela desplegada,
y tu cóncavo cuerpo.
Eras la cáscara de nuestra carne misma.
Te sumergiste.
Aloha,
y les dijiste
a las verdes raíces de las aguas
y a los peces pequeños asombrados,
a las tímidas ostras, y a las piedras,
"yo te doy mi amor"
en las voces extrañas de tu nombre,
la palabra
con la que te bautizamos,
robada,
de una isla de lianas y de pájaros,
y de hombres
como lianas y pájaros.
En tu camino,
dibujamos a veces
para llegar hasta tu paz de vidrio
cipreses que
se ondulan hacia adentro,
y te tocan el rostro con sus ramas.
Y a veces,
nos parece que la luna
se sumerge hasta el fondo
de la ausencia de sal de tu distancia,
para llevarte el beso,
aquél,
que no alcanzamos
a dejar sobre tu piel
de árbol
en vertical partida hacia el silencio.
Eras el hijo nuestro,
el que no tuvimos,
y que se fue contigo mar adentro.

ATRAS

INDICE


ADELANTE