Tu robusto camino con la huella,
redondeada del pie de la semilla.
Y la curva canción de tus colinas,
y el maduro sabor de tus esperas,
y el perfume temprano de tus horas
ondulando en racimos de vendimia.
La redonda caricia,
y el verano de carne que te encierra,
y el espacio caliente de tu sangre,
y tu tiempo impaciente borboteando
en la prisa febril de la cosecha.
En espigas y pámpanos el aire,
y tus manos brotadas,
y un murmullo de cunas que despiertan
y un Enero de soles,
y tu líquido pan que se prepara,
y el concierto de miel de tus colores.
Una euforia total del infinito
desbordando
la piel de tu pradera.
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