Hay algo más que comer, y beber, y amar.
Hay algo más detrás
de apenas esto.
A usted, señor, que come y bebe y ama,
y que abre
sus despreocupados días
en bostezos de paz.
A usted, señora, que juega con su gato
y que bruñe sus uñas
en la seda.
A usted, señor General,
con la responsabilidad
del oro
de sus charreteras.
A usted, ministro de Dios,
animaducto de Dios,
sea cual fuera.
A ustedes todos, que faltan del montón,
yo les digo que hay algo más.
A tí, hermano obrero, y maestro y estudiante,
y niño, y artista.
A tí desamparo, a tí miseria, a tí inocencia,
a tí rebeldía, a tí ensueño,
a ustedes que tuteo
y que toco del brazo, porque están conmigo
aquí,
debajo
de lo que llaman vida.
A ustedes, con quienes hablo y lloro
y canto, y me esperanzo,
digo,
hay algo más
que piel y cáscara y corteza, y suelo.
Hay algo que se ve y se toca y se sufre,
solamente
desde el centro
de la punta del fuego.
El infierno
ha sido estatizado
con su hoguera y su aprendiz de diablo.
Rey
Presidente,
Gobernador, Funcionario,
siguiendo
con su dedo encallecido
la letra de la ley.
Y el hombre,
un minúsculo insecto
debajo de este monstruo
que lo aplasta
hecho
de conglomerado
de hombres
con emblema, y frontera, y ejército, y derecho.
Y el hombre,
atrapado
en engranaje y émbolo
y pistón y motor,
caminado
por un millón
de caballos de fuerza,
y anegado en la hulla blanca de su sudor,
y aniquilado
en destrucción de sesos y de sexo.
Y a cada paso
la empalizada de ojos, y de oídos
que vigilan y cercan y regulan,
desde la raíz
de la intención
a la crecida copa de conducta.
Entonces, el poeta
escribe en el espacio, a puro pensamiento
para que no censuren sus cuartillas,
la poesía
que refulgen los astros
y repiten los hombres.
Entonces, los maestros enseñan
sin sonido y sin signo
desde su piel
hasta la piel del niño.
Entonces el obrero
echa a rodar en circulares cantos de polea
y en dolor de martillo,
himnos de acero para la esperanza
en la cara del amo, del reloj y del déspota.
Entonces, el artista moldea
seres de yeso,
hombres de veras
con corazones grandes que desbordan
más allá de la arista,
y músculos que tocan la cuerda de la tierra.
Entonces el pincel
canta paisajes en porvenir de fibra,
y se sueltan
las gigantescas notas de un concierto
en subterráneo río, sangre música,
por el ámbito
de la ternura pura.
Entonces, el desvelado adolescente
que ha buscado la ciencia
se contempla,
desgastada muñeca,
las cadenas frías
de una
sabiduría vana,
y sal insomne
a nutrir su razón en calle abierta,
y a gritar su razón
desenclaustrado y hombre.
Yo siento
que hay algo más que pan y vino y placer
sobre la tierra.
Yo siento
que nos falta
blancura
y fermento,
y pureza,
y yo les digo
que hay que meter las manos
en la carne del miedo y deshacerlo.
Que hay que decir la libertad de un salto
y gritarla,
y gozar de ella
mordiéndola y bebiéndola,
y destrabar sus alas
y mirarla ascender como un cometa,
en una pueril contemplación de infancia.
El primitivo pájaro dormido
sacudido en la sangre
que despierta.
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