En ese hombre que te está mirando
escondido un puñal, pupila torva,
en ese hombre que te está mintiendo,
en ése que te engaña y que te roba,
hay un niño que llora,
un perplejo puñado de preguntas
en angustiado asombro de las cosas,
aquel que castigaron sin motivo,
aquel que relegaron en la noche
de una infancia negada de caricias,
el humillado y triste y dolorido,
fuego de odio gestándose en la chispa.
En esa humanidad que hoy tironea
por armar la contienda,
y abrir las venas
de los pueblos felices que laboran
hay un niño que llora,
el niño eterno,
torturada razón, carne en congoja,
primitiva pureza encarnecida,
doblegada raíz bajo la roca,
semilla de hombre que el hombre pisotea,
sollozando a lo largo de la historia.
Raíz lágrima, y árbol de tragedia,
tierra amarga,
y la amarga simiente que se anega,
y los frutos veneno,
repartida semilla de tormenta.
Niño vivo llorando en la conciencia,
y una inercia suicida
y una culpa que crece,
la frotada injusticia que trasciende
de la chispa a la cima de la hoguera.
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