ISRAEL
Yo no te sé y te sueño. No conozco tus hombres ni tus niños, ni conozco tus bosques ni tu cielo, ni tus montes, ni puertos, ni tus ríos, ni tus fértiles campos, ni tus piedras ni la extendida sed de tus desiertos. Yo no te sé y te sueño. Pero tú eres la tierra donde mi padre quiso que quedaran sus huesos, y se durmió anhelándote en quimera. Pero tú eres la tierra por la que yo desangro cuando sé que desangran allá lejos, aquellos que te forjan abrazando la piel de tu frontera, penetrando tu carne sus arados, desentrañando luz de pensamiento, y moldeándote en formas de belleza. Yo quisiera reír en cristal Israelí tus sementeras, la gloria verde de tus olivares, y las curvas de miel de tus naranjos, y la rubia vejez de tus desiertos, y la mística historia de tus piedras, y la frente nimbada de tus sabios, y la luz augural de tus profetas. Yo quisiera reírte con un canto que ilumine tus siglos de tristeza, y alegrarte de risas desde el trueno, desde el rayo mortal y la tormenta, la superada hora del escarnio, hasta el juego infantil de tus aldeas. Y encender tus "kibutzim" (1) en auroras y besar tus ciudades piedra a piedra. Yo quisiera ascender en espirales el humo de tus fábricas, y mirar desde arriba tus praderas y llenarme los ojos con el verde que pintaron "jalutzim" (2) en la greda. Yo no te sé y me dueles, pesadilla, la figura sin ojos del destierro, y siluetas borradas en exilio, la forma muda de los humillados, y el humano cansancio de ser héroe. Yo no te sé y te sueño. Ya no eres aquella secular promesa lenta. Por tu entraña, simiente de proeza, te dilatas gigante, redondeando, tu gravidez de fruto en flor eterna. |
(1)
Kibutzim: Granjas o colonias rurales. (Volver al poema)
(2) Jalutzim: Pioneros (Volver al poema)