ALGUNA VEZ...

 

 Hemos querido alguna vez
hundir nuestra cabeza cansada,
arremolinada,
desesperada,
mustia,
sobre una almohada de paz.
Hundir nuestra cabeza
de fiebres y de aspas y de tormentas
en un torrente de aguas,
y de caricias frías y de gotas transparentes
y de músicas que se deshagan
como nieve.
Alguna vez hemos querido
retorcernos los dedos
y las manos
y los brazos
y el cuerpo,
y retorcernos hacia adelante
y hacia atrás
y hacia todos los costados
posibles,
y arrojarnos
a lo hondo de cualquier hondura,
sin poner las manos delante,
y dejar que en la caída
se nos destrocen los ojos,
y se nos muera la risa,
y se nos acabe la palabra
tanto tiempo
inútilmente inacabable.
Hubiéramos querido
alguna noche
saber,
que ésa es la última
y la primera
de todas,
y pasar
una mano de perdón
por el rostro de las cosas que nos dolieron
y que nos duelen,
y que seguirán doliendo
en cualquier otro corazón,
sobre el costado izquierdo
de cualquier angustia.
Y hemos querido querer cosas
indefinibles,
cosas
que ya no existen
y que no existieron nunca,
y apagar de un golpe,
y sofocar con todo nuestro aliento
esa llama
que tal vez se encendiera,
y que soñamos palpitar en torno
de la vanamente convocada forma.
Alguna vez hemos querido de veras
algo,
y nos quedamos con el paso
a medio impulso,
y comenzamos a caminar firmemente
sobre la línea que nos conduce
allí donde iríamos, o no iríamos,
y empujamos
las partículas de polvo
que nos descubre el sol,
y nos abrimos camino
con la decisión
de aquél que sí quiere ir,
y así nos vamos...

 


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