TODO FUE. . .
Todo fue por correr apresurada al asiento que da a la ventanilla. Siempre te gustaron los paisajes, los árboles los pájaros, la ternura del aire en tus mejillas. Y por llegar de prisa, pisas a esa señora tan altiva. Le hubieras implorado perdón, ahí de rodillas, mas no te dieron tiempo; la señora, lanzó su roja ira al rostro de tu madre, y ella, pobre, no encontró otra respuesta que pegarte. Allí mismo, delante de la gente, de las niñas, del guarda. Hundiste la cabeza penitente, y se abrieron mil rosas en tu cara. Hubieras preferido antes la muerte. El paisaje volcaba indiferente corriendo como un río en la ventana. El viento consolaba tus mejillas. Aspirabas el aire, entristecida, y el olor de las ramas, azul y verde, invitación de vida. Y renació de pronto, incontenible, reconciliada y pura tu sonrisa. |