Diez botones de carne sonrosada
en tus ramas sin luz
se están durmiendo.
Tu corazón se puebla de pisadas.
Todos los niños de la tierra juegan
correteando canciones de contento,
y tú no tienes alas.
Se quedó tu niñez aprisionada,
pez de vidrio, en un témpano de hielo.
Todos los niños de la tierra saltan;
solo tu cuerpo,
incrustación de piedra.
Un zumbido de abejas, y un marco de plazas,
tu corazón oscila y se marea,
y oscila tu congoja en sube y baja,
y cae en tobogán de desaliento
prematura vejez
sobre tu infancia.
Todos los niños de la tierra ponen
el rostro de sus pasos
sobre el tiempo,
y tú no tienes pasos, ni sostén, ni huella.
Cómo ansías unir tu cuerpo al suelo
y dibujar en polvo tu sustancia...!
Miras al cielo.
Por el azul aquél caminarías,
y penetras al mundo de la magia
con sólo abrir tus puertas al ensueño.
En el aire un trizar de porcelanas,
tu corazón asciende con el viento,
y corres con el viento por los bosques,
y con el viento trepas las montañas.
Todos los niños de la tierra juegan
y estremecen la tierra
sus pisadas.
Tú no apoyas tu planta, juego quieto,
te posas en las nubes,
sobre el suelo,
tus huellas son dos cintas paralelas,
rodando silenciosas la mañana.
|