Hay perfume de trenzas destrenzadas
en la cálida nuca de Setiembre,
y un aroma de selva en madrugada,
y un olor de pradera
adolescente,
y un enjambre de besos
que desatan por caminos de piel,
y hay paraísos
de manzanas prohibidas
por las ramas.
Yo tenía veinte años hace tiempo;
veinte años abiertos que sonríen
detrás de un gran silencio.
Una cumbre de sueños que refulge
la nevada vejez
de una esperanza,
y el tañido dolido
que adormece
en el bronce sin luz de la campana.
Hay perfume de piel y de cabello
en desbande de rosas asustadas,
y un temblor de creación
recorre en soles
las resecas esperas de distancia.
Fluye un río de voces y figuras,
y un rocío de besos
desmenuza
sobre la orilla de cosas olvidadas.
Un bullicio de piel me resucita,
y un aroma de formas
me traspasa,
y un anhelo salvaje me revive,
y un sabor de frutillas
ruboriza
en recuerdos de amor
esta mañana.
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