En la noria, pagana calesita,
lona, goma, lona, goma, caucho, calor.
En una misma esfera
giran conmigo todas mis grises compañeras.
Walt Disney sin sonrisas; dibujos animados
en trama de miseria.
Y esta atmósfera opaca.
El piso que se hunde, el techo que se acerca,
y por la claraboya, nostalgias de mi casa,
mi corazón regresa.
A estas horas
mi madre está acarreando el agua
para lavar mi ropa. Mi hermano no trabaja.
Mi padre se emborracha.
En torno mis paredes borrachas tambalean.
Y mi tos que no cede.
El techo de mi casa tiene veinte goteras.
Gira... gira... gira... y la noria que rueda
sin música y sin risas.
Un hechicero quiso levantar esta horca
sobre mi calesita.
La selva brasileña suelta su sangre negra.
Se comieron mis glóbulos los duendes
de la selva.
Cien pesos el recuento, y otros cien los remedios.
Gira... gira... gira... el caucho se desborda
de mis venas vacías.
Una venda de lona cubre mis ojos ciegos.
Columna interminable de alpargatas desciende
por las cuatro laderas dolientes de mi vida.
No más esclavas negras; sólo pálidas nietas
de las manumitidas.
Las horas extenuadas caducan en mis piernas.
Mi corazón se asfixia.
El caucho que se incendia. Mi sangre que se enfría.
Gira... gira... gira... mi vida, la noria,
la noria, mi vida.
|